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Y aunque juré que nunca más

Una-Semana-en-el-Motor-de-un-AutobúsHay cosas que sólo se pueden explicar desde la emoción y el concierto del sábado de Los Planetas en el Primavera Sound es una de ellas. Para aquellos y aquellas que no tengan Una semana en el motor de un autobús entre sus discos de cabecera el concierto les habrá parecido una mierda, con un Jota colocado como siempre, cantando las canciones a su puta bola y sin vocalizar, con el sonido de los instrumentos demasiado alto y sin apenas espectáculo adyacente (cuatro frases ininteligibles de Jota al público entre canciones y ya). Pero los y las que estábamos sudando la gota gorda (fue uno de los pocos momentos en los que no pasamos frío) en las primeras filas, coreando hasta el “tatatatatá tatatatatatá” de Segundo Premio y dejándonos la voz en frases como “Porque seremos cientos por cada uno de los vuestros” no necesitábamos mucho más.

Jota encendiéndose un pitillo tras otro mientras desgranaba esa oda al odio desde el cariño que es ese disco que tantas veces ha sonado en las habitaciones de los indies despechados de este país desde hace 15 años (y que lo hará muchas más). Florent levantando su vaso lleno de lo que parecía ser agua, pero vete tú a saber, poniendo música a unas letras que iban dirigidas contra su propia persona (si él no hubiese sido un yonki sin remedio nunca hubiésemos vivido una noche como la del sábado, lo que es la vida), Eric y Banin construyendo esas atmósferas de ruido entre lo galáctico y lo ensordecedor y J. y yo celebrando nuestro cumpleaños por adelantado, en nuestra fiesta particular de cumpleaños total. “No será peor de lo que era, seguro que es mejor”. “Y aunque juré que nunca más voy a darme una fiesta por mi cumpleaños”, ni que los hubiésemos contratado nosotros para venir a Barcelona ese fin de semana. Hay cosas que sólo se pueden explicar desde la emoción y un concierto como ese es el claro ejemplo. O lo vives o no lo vives y a nosotros solo nos faltó llorar.

El cómo acabamos yendo al Primavera Sound después de habernos mentalizado de que no pisaríamos el Fòrum este fin de semana es otra historia digna de un post propio, así que me la voy a saltar y voy a resaltar otros buenos momentos (aunque nunca equiparables a lo de Los Planetas contado anteriormente) de la noche del sábado:

-Poner un pie en el recinto y apenas minutos después estar bailando Magic de Chucho tocada en directo. “Porque lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir”, himno dónde los haya. Casi sólo por ese momento todo mereció la pena.

-Las filipinas engoriladísimas y con un flow de aplauso dándolo todo a nuestro lado en el concierto de Wu-Tang Clan. La ristra interminable de chascarrillos que nos ha dado ese concierto no tiene precio.

-Ver amanecer mientras suena Did You Remember The First Time de Pulp y cuando aún se veía una luna como una castaña en el cielo fue un gran hit de la noche. Sin duda.

-Los dos personajes dignos de protagonizar una secuela de Supersalidos que gestionaban uno de los puestos de perritos calientes. Cuando el absurdo se cuela en la vida cotidiana es lo mejor del mundo.

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La crisis de los 30

drinkMe queda exactamente un mes para abandonar la veintena y entrar en los treinta, así tal cual, de manera inexorable y sin que pueda hacer nada para evitarlo. No soy muy de crisis marcadas por la sociedad -soy más de montarme las mías propias y perder los nervios a lo almodovariano cuando a mi me parece conveniente- aunque hace un par de años vi como el paso de los 29 a los 30 afectaba más de lo previsto a mi compañero vital y nunca se sabe, igual me pasa lo mismo.

Supongo que el cambio no será muy notable y que por comenzar una nueva década el gobierno no va a decidir otorgarme un sueldo vitalicio de 2.000 euros al mes, ni me van a llamar de The New York Times para que sea su corresponsal cultural en España ni me va a tocar la lotería (básicamente porque no juego) ni de pronto voy a ser más guapa, más lista o mi vida va a tener un brillo especial. Más bien me temo que seguiré siendo la joven (pero ya no tanto, que tienes 30, tía) precaria  de futuro incierto y poca paciencia que soy ahora y que, sin más, de pronto tendré 30 tacos y mi vida no se parecerá nada a lo que pensaba que sería cuando tenía 10 años.

Tal y como está la economía, en concreto y en general, tampoco me espero demasiados fastos de celebraciones ni demasiados regalos espectaculares (soy una chica sencilla, me conformo con poco), aunque si alguien se arranca y me quiere obsequiar con algo, aquí van algunas ideas:

-Un par de entradas para el concierto de celebración de los 15 años del disco “Una semana en el motor de un autobús” de Los Planetas, preferido de servidora desde que tenía, precisamente, 15 años. Digo un par para que mi compañero se venga también, si no, no quiero ir. Por pedir…

-Un viaje con vuelos y hoteles incluidos a cualquier parte del mundo, aunque Islandia, San Francisco, Australia, Nueva Zelanda o Japón son algunos destinos que no me importaría conocer. Así, por dar ideas.

-El sueldo vitalicio de 2.000 euros al mes, que os comentaba antes. No me digáis que no es buena idea.

-La abolición de la monarquía, la dimisión del gobierno en pleno, el abandono del capitalismo y la adopción de un nuevo sistema justo y sin clases.

En realidad es broma (menos el último punto). Lo que en realidad me gustaría por mi cumpleaños (momento emotivo) es poder hacer una fiesta con todos y todas mis amigos y amigas, los que están lejos y los que están cerca como si la economía, la distancia y los problemas no existiesen. Como si en vez de 30 cumpliese 20.

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La polémica del machismo gafapasta

Este fin de semana se ha liado parda a raíz de un artículo publicado en Diagonal titulado Machismo gafapasta en el que se denuncia el machismo presente en la escena indie. De entrada me parece bien que se genere debate, se señalen situaciones y no voy a ser yo la que me ponga de parte de los que han puesto el grito en el cielo por el texto, sólo faltaba, pero tampoco puedo posicionarme totalmente a favor porque hay muchas cosas con las que evidentemente no estoy de acuerdo. Y otras me han hecho directamente sonrojarme, tanto por un lado como por otro.

La primera conclusión a la que se puede llegar después de ver cómo se ha desarrollado la “polémica” es que la gente tiene muchas ganas de ofenderse. Tanto los y las que ven discriminación en todos los lados como los que se sienten atacados por nada. Véase, por ejemplo, la reacción de la sacrosanta biblia del periodismo musical Rockdelux, que pidió en Twitter -ahora todo pasa vía tweet, para qué mandar un mail, para qué llamar, para qué hablar- que no se utilizase su nombre para ese discurso “please”. En el texto se les menciona como medio especializado en el que se habla de dicho género musical y en el que se pueden encontrar ejemplos de machismo. Que puedan no estar de acuerdo con la presencia de machismo en sus páginas vale, pero ¿porque se utiliza su nombre en el discurso? En fin, tranquilizaos un poco, chavales.

Super8Int01Otra conclusión es que se pueden ver fantasmas donde no los hay, solo hay que esforzarse un poco. Y el tema de las letras es un gran ejemplo. Que se acuse a Los Planetas de hacer letras dedicadas “al despecho amoroso” en las que “cabe todo tipo de revanchismo hacia mujeres crueles que producen dolor y merecen recibirlo” me parece hasta tierno. Solo hay que documentarse un poco para saber que la mitad de las letras del grupo van dirigidas de J a Florent cuando este estaba en su fase más yonki. Que otras están dirigidas a políticos, prensa musical y cualquiera que en ese momento estuviese en el punto de mira del letrista. “Espero que acabes colgando de un pino” es un sentimiento que cualquiera puede tener, expresarlo o no depende de tu nivel de corrección política y el o la que diga que no lo ha pensado alguna vez, miente. Poner a Francisco Nixon como el letrista “más celebrado” me provoca estupor y que gente como Anni B. Sweet sea considerada parte de la escena indie me confirma que esa escena no es más que una etiqueta sin sentido.

Pensar que porque a una persona le guste llevar gafas de pasta que pueden comprarse en cualquier óptica multinacional o porque lleve unas Converse o canturree el estribillo de una canción que suena en Radio 3 piensa de determinada manera me parece directamente pueril. Es como cuando de adolescente te gustaba ese chico o chica por las fotos que llevaba en su carpeta ¿Porque alguien escuche a Nacho Vegas y vea cine en V.O.S me tiene que caer bien? Pues no, menuda chorrada. Conozco a fans de Los Planetas que son más fachas que Martínez (el facha) y a gente que lo flipa con el electrolatino que tienen más conciencia social que cualquier asiduo del Apolo. Que el machismo sigue presente en la sociedad es un hecho y que aún hay mucho camino por recorrer hasta que se erradiquen completamente actitudes discriminatorias para la mujer (sobre todo aquellas que pasan muchas veces desapercibidas por su sutileza como el paternalismo escondido en galantería) está clarísimo, pero pretender que ciertas “escenas” son de una u otra manera por la música que escuchan es bastante inocente.

Johnny Ramone era un derechista recalcitrante que tocaba música que escuchaba mucha gente de izquierdas y “El Imperio Contraataca” se convirtió en un himno cierra-discotecas con un montón de fachas con escasez de materia gris coreando su estribillo mientras seguramente Los Nikis se descojonaban en su casa. Las apariencias engañan y teniendo en cuenta que el gafapasta no es más que un producto de una sociedad capitalista más todavía. Eso sí, responder al artículo diciendo que las feministas son feas, tienen pelos en el sobaco y son unas malfolladas no es de ser sólo un machista, sino un gilipollas. Y eso hay que decirlo más.

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El tema de estos últimos días

 

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El Estrella Costa Verde

Vivir de este lado de los Pirineos no da tregua y puede conseguir que te vuelvas rematadamente loco con sólo abrir inocentemente el periódico cada mañana (o Twitter, no pasemos por desactualizados). Casi ni me extraña que los eurodiputados quieran volar en primera para huir de aquí: si yo estuviera en su lugar, me pediría hasta una nave espacial supersónica que me sacase a toda leche de este nido de ratas.

Y hablando de ratas y seres despreciables, el primer atragantón de la mañana (de lo de la euroescoria que viaja en primera me enteré ayer por la noche) me lo ha dado Pedro J. –que por cierto, ayer preguntaba en las redes sociales qué significaba “:)”), en la vanguardia de la actualidad- anunciando que retiraba el artículo del gilipollas (hay que decirlo más) de Salvador Sostres que previamente había publicado en su medio sin ponerse ni colorado. Afortunadamente ahí está Google con su caché: los que quieran pueden leer la burrada de Sostres, del que por otro lado tampoco se puede esperar menos, aquí la tienen (tengan a mano una bolsa, por si acaso).

Y como las desgracias no vienen solas y menos en este país, el señor Arcadi Espada ha rizado el rizo insultando a los que nos indignamos con el tema de los mangantes que viajan a Europa tomando Martinis con aceitunas. Y de tanto pensar y de joderme la boca del estómago (la tengo calcinada de rabia), mientras casi se me salen los ojos de las cuencas de tanto no dar crédito la solución ha aparecido clara y cristalina en mi mente: que la Renfe recupere ese mítico tren que era el Estrella Costa Verde (lo tendrán a mano, funcionaba hasta hace nada) e invite a la euroescoria, a Sostres, Pedro J. y a Arcadi Espada a un viaje Barcelona-Oviedo, clase turista, que son unas 13 horas (si no hay retrasos) de diversión sin límite, chinches y parada en Miranda de Ebro, ciudad de vacaciones. Y sin fumar.

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Mi casa es tu casa

Todos tenemos una casa perfecta en la mente. La de unos se parece al catálogo de Ikea y la de otros a un mercadillo de fin de semana. Habrá unos que se la imaginen minimalista y fría mientras que otros les pongan nombre a los niños que en su imaginación corretean por el salón. Habrá quien ya tenga pensada la marca de los electrodomésticos y quien tenga pensado tirar con un camping-gas hasta que tenga un poco más de liquidez. Hay tantas casas ideales como personas que las piensan y es muy posible que ninguna se repita.

En la mía la cocina siempre olería a cosas ricas, como las patatas rellenas que hacía mi tía Mary o los calamares en su tinta de mi madre. No haría falta esperar a Navidad para que haya casadiellas recién hechas y siempre habría una botella de vino que abrir, porque nos gusta celebrar. En la entrada habría un mueblecito para poner el correo y siempre encontraríamos alguna postal de los amigos que viven lejos, que luego pegaríamos en la nevera con un imán en forma de helado. El timbre sonaría a menudo, pero siempre con buenas noticias en forma de carta o de abrazo de amigo que llega por sorpresa a alegrarte el día o la vida si se tercia. Habría estanterías que irían del suelo al techo llenas de libros y discos, porque las casas que no tienen ninguna de las dos cosas son como un jardín sin flores. Al levantar la chapa que cubre los fogones habría pegadas un montón de calcomanías antiguas que representan las labores del hogar, como las que había en aquella chapa de aquella cocina de aquella casa en la que vivieron aquellos amigos aquel verano de la infancia. A veces, al abrir un cajón en el que nunca te habías fijado, descubrirías secretos olvidados de los antiguos inquilinos, como una libreta con dibujos, una cajita con fotos, un papel de cartas de colores o una horquilla con un pajarito blanco en el extremo.

La vajilla sería de margaritas, como en la que comí desde que tuve uso de razón hasta la mayoría de edad y habría un aparador de madera con cristalera a través de la cual se verían los platos ordenados y unas latas antiguas de ColaCao donde se guardan di tú qué cosas. Habría un mantel de cuadros de vichy blanco y rojo y otro blanco y azul y en el armario una caja de galletas Surtido Cuétara que en teoría sería para las visitas pero que todos abriríamos para coger una a escondidas (los barquillos recubiertos de chocolate, las de coco y las que vienen envueltas en papel) al pasar por la cocina.

Conseguir la casa perfecta según nuestra imaginación y nuestra educación sentimental resulta prácticamente imposible, porque la vida ya se encarga de que así sea con sus triquiñuelas. Así que igual no puede oler a esas patatas rellenas o no siempre hay postales o buenas noticias, pero seguro que hay amigos, cajas de galletas y hasta calcomanías si las buscamos. Cierras la puerta de una casa y abres la de una nueva y vuelta a empezar a continuar con lo que te has traído en cajas y lo que vendrá. Bienvenido sea.

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10 grupos españoles que no incitan al suicidio

Estamos a mitad de una semana que, quitando hazañas personales tipo encontrar una casa, de banalidades como un montón de locas pijochonis peleándose por trapos del H&M a 200 euros y el recuerdo de un gran concierto como el de Arcade Fire, se presenta más o menos aburrida. Y cuando el diablo no tiene nada que hacer espanta moscas con el rabo, que dirían mis progenitores, así que he hecho una lista con 10 grupos españoles que no provocan ganas de coger una cuchilla oxidada y rebanarte las venas de la muñeca de lo insorportables, cursis y malos que son.

Puro divertimento.

  • 1-Astrud
  • 2-¡Pelea!
  • 3-Me and The Bees
  • 4-Wau y los Arrrghs!
  • 5-Mishima
  • 6-Los Planetas
  • 7-Losone
  • 8-Chiquita y Chatarra
  • 9-Montañas
  • 10-Thelematicos

Seguro que hay más, pero me ha costado llegar a 10 (que aún estén en activo más o menos) no os creáis…

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