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2013: se acabó lo que se daba

No están ordenadas por importancia, solo agrupadas por bien y mal ¿El balance general? Un año difícil pero interesante y mejor que el 2012. Aunque eso tampoco lo tenía muy difícil.

Cosas malas del 2013

  • La situación político-social que vive este país y los impresentables que nos gobiernan.
  • Las condiciones laborales de los que tenemos trabajo(s).
  • La cuota de autónomos, la burocracia en general.
  • La epilepsia maldita: vete, que nadie te llamó.
  • El éxodo generalizado de amigos y amigas fuera de este país: Skype como nuevo bar de moda.
  • Los quebraderos de cabeza provocados por las anteriormente mencionadas malas condiciones laborales, papeleos y problemas de autoridad (ajenos) mal gestionados. La incompetencia y el ser un lameculos como garantía de éxito.
  • Gallardón y sus colegas.
  • Los problemas de salud familiares, el paso del tiempo.
Adiós 2013

Adiós 2013

Cosas buenas del 2013

  • Ser profesora y aprobar a todos mis alumnos y alumnas.
  • Laboralmente, conseguir objetivos como publicar en medios como SModa, Barcelonés o Playground.
  • La casa del Raval y su terraza, en donde tan bien lo hemos pasado.
  • El viaje a Roma.
  • Las visitas a Madrid, a Asturias, a Extremadura.
  • Volver a tener bici de nuevo (¡Gracias Ainhoa!)
  • Teo, su mamá y su papá. A happy family!
  • Los reencuentros con amigos y amigas que se han sucedido por los diferentes puntos de la geografía española. Lejos pero cerca.
  • Las noches, los vermús y todos los momentos compartidos con amigos en Barcelona. Menos mal que resistís con nosotros.
  • La familia.
  • Y Javi, por supuesto. Y todo lo que aprendimos.

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2014 o la quimera del oro

“El que consiga resistir durante el 2013, lo tendrá todo hecho en 2014”, aseguraba el otro día una amiga que le había dicho uno de esos jefes acostumbrados a leer las páginas color salmón de los periódicos y publicaciones de esas que gustan de agasajar al emprendendor. Resulta difícil creerse que la mejoría está a la vuelta de la esquina cuando cada día pasa algo nuevo que se suma a la cadena de despropósitos que empezó a agitar nuestra cotidianidad hace ya demasiado tiempo.

Que seguramente el 2013 no va a ser un camino de rosas lo tenemos claro casi todos los que no hemos nacido en cuna de oro y respaldados por una cuenta corriente de nacionalidad suiza. Pero si algo está definiendo este primer trimestre del año que vino después del falso fin del mundo es el reto. Será la crisis, que hace que todos busquemos nuevas salidas, será que siempre nos ha gustado meternos en charcos que pueden acabar siendo océanos, pero yo misma y la mayoría de los que me rodean hemos tenido que apretar fuerte la mandíbula y respirar en busca de la determinación necesaria para enfrentarnos a lo hasta el momento desconocido, bien en el plano laboral, bien en el personal, en el que haga falta. Algunos empezaron con un café en una terraza del centro de Barcelona y siguieron en un aula universitaria, proyector encendido, taquicardia y pares de ojos expectantes. Otros se planearon durante meses y comenzaron con una despedida en la estación y siguieron en un nuevo país con todas las energías que dan la aventura y las oportunidades que se pronuncian en otro idioma. Y otros que empezaron sin buscarlo pero sin rechazarlo y que ahora se gestan creciendo día a día ganándole casillas al calendario que pronto empezará a contar restando.

Proyectos que como siempre tienen su reverso pero que siempre se miran desde la perspectiva de la alegría, porque tampoco nos queda otra que apretar dientes, puños y lo que sea para tirar hacia adelante aunque no tengamos ni idea del tamaño de las piedras que nos vamos a encontrar en el camino. El resultado será el que sea y, por si acaso, siempre podremos echarle la culpa al Boogie.

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