Roma pese a todo (I)

romaNos fuimos de vacaciones y, como siempre, fueron demasiado cortas y nos dejaron más cansados de lo que estábamos al irnos (es lo que tiene el querer ver todo lo posible de un sitio en cuatro días, que pateas como un descosido y te dejas los pies hechos un Cristo). Este año el destino escogido fue Roma por un cúmulo de razones entre las que destacaron el precio de los vuelos, mi amor por Woody Allen y Enric González a la par y que nos habían comentado que por allí se comía una pizza bastante aceptable, lo que nunca hay que subestimar.

Roma es una ciudad impresionante de bonita y con un punto caótico y desdejado que la hace más atractiva aún si cabe. Pero os voy a contar un secreto: allí no viven romanos, sólo hay turistas. Por no haber no hay ni ladrones o, al menos, estos no ejercen su profesión con el orgullo y ornamento con el que se trabaja el hurto en la ciudad condal, dónde solo nos falta aplaudirle al que nos ha dado el tirón al bolso en media calle y gritarle “¡Artista!”. En Roma no. Allí solo hay grupos de personas que siguen a otra que se erige como guía ostentando algún objeto -un paraguas plegable, una banderita- que le identifica como tal y que va relatando las maravillas artísticas que decoran la ciudad en el idioma que toque. Entre ellos se cuela de vez en cuando algún vendedor ambulante de sorpresas en forma de muñeco de goma, abanico o botella de agua y algún camarero, policía o cualquier otro trabajador de ese centro comercial que un día fue una ciudad. Pensaba que en Barcelona ya habíamos llegado al límite entre la realidad y la marca y esto ya había dejado de ser una urbe habitable pero en Roma comprobé que aún nos queda un poco para perder del todo la perspectiva.

Afortunadamente no somos gente con mucho dinero (el mentar a la suerte haciendo referencia a la escasez de recursos puede llevar a equívocos pero de verdad lo pienso) y eso hace que el contacto con la realidad no se pierda del todo. Si hubiésemos sido una pareja adinerada de las que se hospedan en hoteles con estrellas y minibar podríamos haber vuelto a casa pensando que todo en Roma es “ideal, Cuca”.  Pero claro, nuestro alojamiento fue una pensión cercana a la estación de autobuses regentada por una búlgara simpatiquísima y recién llegada de los años 80 en una especie de viaje espacio-temporal, que nos brindó algunas de las mejores anécdotas del viaje (que contaré en un siguiente post, junto con las otras que no tienen desperdicio). Ella y la gente del barrio nos recordaron que no todo eran manteles de cuadros y lenguas lamiendo helados artesanales. Y menos mal, porque la sensación de caminar constantemente por un centro comercial al aire libre da mucho miedo.

Las que también abundan por las calles de las ciudad son las monjas. Es normal, al fin y al cabo allí tienen su hot spot, su parque de atracciones católico. Hay tantas que si te esfuerzas un poco puedes oler por las calles ese característico aroma entre lo rancio y lo guardado mucho tiempo en un sitio cerrado que las identifica. Suelen ir de dos en dos, animadas como colegialas (están cerca del chico-paloma-entidad que les gusta), con sus zapatones planos y sus hábitos del color que le toque a su congregación, cuchicheando cada vez más rápido según te acercas a El Vaticano. El lugar en cuestión merecería también un capítulo aparte pero mi anticlericalismo es de sobra conocido por todos y todas, así que me lo voy a saltar. Sólo un apunte: la campaña que están haciendo para que Francisco sea considerado “El Papa Colega” es al mismo tiempo pueril e inquietante, como si hubiese salido de la mente de Kevin Smith.

Y poco más. Seguramente más adelante cuente las cosas divertidas y extravagantes del viaje, pero de momento y en resumen: nos gustó mucho la ciudad aunque sea invivible, la Fontana de Trevi impresiona pese a todo y comimos tanta pizza que hasta, por lo menos, un par de días no queremos ni olerla.

3 comentarios

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3 Respuestas a “Roma pese a todo (I)

  1. ¡A mí en Roma sí que me robaron! Menos mal que solo fue un estuche de lápices (es lo que tiene meter los lápices en algo que parece una cartera).

  2. Israel

    Con mi primer sueldo de becario y gracias al tijeretazo de Air Europa fui con Eva a Roma hace más de diez años. Nos hospedamos en el fastuoso hotel Michaelangelo, lugar horribilis con 2 camas de 90 siendo muy generosos de muy distintas alturas, baño compartido entre chopocientos y etc´s escatológicos variados que no vienen al caso.
    Quizás por haber pasado más de 10 años o por ser Marzo/Abril no recuerdo tanta marabunta como tu describres. Sea como fuere Roma es un ‘must’ y el Michaelangelo una contradicción, un lugar a evitar a la vez que una fuente recurrente para nosotros de chascarrillos.

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