¡Ya es Navidad, viva la caridad!

Es Navidad y las campañas de solidaridad y buenas causas invaden la actualidad. La Marató de TV3, el anuncio de Campofrío y su donación de 1 euro a Cruz Roja con cada hashtag que la mencione en Twitter, la campaña de La Caixa para no sé qué acción positiva. Por mencionar algunas. Directamente vomitaría sobre ellas, cogería un megáfono y me volvería loca a gritar mi verdad como el señor que grita “Dinero gratis” por las calles del Gótico barcelonés, escribiría mil artículos incendiarios en su contra, lo mencionaría en este blog.

Porque pocos instrumentos más cínicos, hipócritas, sensibleros, populistas y despreciables que los que se utilizan para la difusión de esos lavados de cara de las grandes empresas, esa supuesta solidaridad entre ciudadanos, ese ayudemos al más débil en Navidad. No hablo de las iniciativas asociacionales, ni de las que de verdad tienen un objetivo de solidaridad con sus vecinos, de las que parten de la ciudadanía. Hablo de las gubernamentales, de las que promueven esos mismos que están causando esas situaciones. El banco que desahucia y después apadrina maratones, la megaempresa que defrauda pero después hace donaciones millonarias, el gobierno que recorta pero después patrocina. Invite a un pobre a cenar esta noche, Carmen Polo repartiendo caramelos a niños con la cara llena de mocos como bien apuntaba Lucía Lijtmaer en su estupendo artículo.

Cuando era pequeña estudiaba en un colegio de monjas de esos concertados en los que no hay que llevar uniforme pero hay cristos en las paredes. Y de vez en cuando venían monjas misioneras que contaban cómo los negritos de África habían encontrado a Dios y ahora hacían pulseritas de colores, curas que hablaban de campañas de donación de alimentos para niñitos que pasaban hambre, catequistas con rebecas de lana abrochadas hasta arriba con mensajes de voluntariado. Pero una vez vino un chaval de una asociación que ya no recuerdo y dijo una cosa que sí que se me quedó grabada y que hizo que las monjas se revolviesen incómodas bajo sus hábitos y sus zapatos planos de color feo: “No necesitan caridad, necesitan justicia”. Y ahí está la clave de todo el asunto.

Tú que te quedas tranquilo con tu donación a la maratón pero que luego no participas en las Huelgas, eres cómplice de toda esta mierda. Tú que votas a partidos que recortan los derechos básicos de educación y sanidad también tienes la culpa de que haya niños que tienen hambre. Antes de dormirte por la noche pensando en lo bien que lo has hecho con tu caridad, lo buena persona que eres, recuérdalo, porque también eres responsable.

-“Estamos exportando a la generación más preparada de nuestra historia”

-“¡Pero volveremos!”

Dice el ya famoso anuncio de Campofrío. Y a mi me vuelven las ganas de vomitar.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s