Neoanarquismo radical

De verdad, de verdad, de verdad de la buena que he intentado no hacerlo pero es que las últimas declaraciones de Felip Puig, consejero de interior de Cataluña, han podido conmigo. Y es que ya está bien, oiga, ya está bien.

Yo, que no soy una joven antisistema (o por lo menos no me considero como tal, igual es que depende de la óptica de la que se mire) y que ayer salí a ejercer mi legítimo derecho de manifestación (al de huelga no puedo porque ya estoy en el paro) me vi atacada por las fuerzas del orden que, si a alguien se le olvida, pagamos entre todos y están para proteger a la sociedad no para dispararle como si fuesen animales en un coto de caza. Al desviarnos del río general de manifestantes, después de dos horas caminando, y llegar a la Plaza de Urquinaona nos vimos en medio de una batalla campal auspiciada principalmente por los Mossos d’Esquadra. Y que nadie me venga con contenedores quemados o Starbucks en llamas: tuvimos que protegernos detrás del kiosko de prensa porque esos policias, tapados hasta las cejas y sin identificación a la vista, disparaban a cualquiera que se atreviese a cruzar la calle. Señoras, señores, jóvenes y demás manifestantes que no llevaban ni “espinilleras, rodilleras y coderas para poder enfrentarse a los agentes” ni tampoco “ropa de recambio y botellas con líquido inflamable para provocar incendios”. En todo caso, señor Puig, esos serían sus agentes secretos vestidos de “neoanarquismo radical, del movimiento de los indignados, de movimientos antiglobalización y de sectores radicales universitarios”, a los que todos vimos con su pinganillo y sus ganas de reventar manifestaciones.

Violencia es amenazar con una porra a una persona desarmada, violencia es disparar balas de goma a ciudadanos que se manifiestan, violencia es salir de una furgoneta a perseguir a personas, violencia es poder repartir leña sin llevar una identificación a la vista. Inmunidad para los de siempre, mirar al dedo que apunta al cielo en vez de al cielo. Si ustedes no nos hubiesen llevado al límite, posiblemente no habría contenedores quemándose ni locales de multinacionales explotadoras ardiendo. Más violento que un contenedor calcinado es la falta de futuro, la falta de todo.

La jornada de ayer no transcurrió con normalidad ni dentro de los límites tolerables. Ayer, en Barcelona, los ciudadanos se vieron atacados por grupos violentos: los Mossos d’Esquadra. Y yo estaba allí: no lo he visto por televisión, ni lo he escuchado en la radio ni lo he leido en el periódico. Lo viví y lo cuento. Y usted, Puig y sus esbirros, cuenten lo que les de la gana.

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