El tiempo como tema de conversación

El verano se nos escapa como la arena entre los dedos mientras miramos al cielo con la cara extrañada del que no entiende qué está pasando. Parece ser que aquellos 3 meses de buen tiempo (que en el norte nunca dejaron de ser una utopía del todo) se han convertido en una incertidumbre meteorológica. Dejo ya de hablar del tiempo porque luego me riñen, aunque he comprobado que es pura genética. En mi familia podemos estar horas hablando del tiempo, pero no de manera banal y por pasar el rato, sino con conocimiento de causa y verdadero interés. Como si Maldonado y Montesdeoca quedasen a tomar unas cañas, vamos.

El caso es que, como siempre, no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Y tantos años los ecologistas dando la matraca con el cambio climático y hasta que no se nos joden las vacaciones en la playa no abrimos los ojos. El tema de las vacaciones es complicado por aquí, que no nos las toquen y si no mira la liada de los controladores de aquella vez. La sanidad y la educación ya son otra cosa, pero las vacaciones ni rozarlas ¿eh? Es rara la manera en la que vivimos las noticias cuando estamos de vacaciones. En verano siempre suelen pasar cosas sorprendentes y bastante trágicas que hasta lo parecen más por el contexto en el que nos enteramos de ellas. Uno está en la playa tumbado a la bartola y de pronto viene alguien (un conocido que no suele medir demasiado bien el impacto de sus palabras por puro desconocimiento) y te suelta a bocajarro que ha muerto Amy Winehouse, que se ha caído un avión, que se han cargado a Miguel Angel Blanco o que esa persona que tú conocías más de lo que él sabe ha tenido un accidente y ya no está. Cada una tiene un nivel de impacto diferente, pero todas suenan metálicas e inquietantes con la visión del chiringuito y de esos señores en bañador de fondo.

Pero bueno, todo esto lo escribo yo que no oleré las vacaciones hasta ya casi extinguido septiembre y que firmaría por vivir en un verano continuo, por muy sorprendentes que sean las noticias. A las malas, te puedes dar un baño en el mar para aliviar la conmoción y salir llenando los pulmones de aire. De nuevo.

Y para variar hecho una lista para que los días tengan buena banda sonora. Hay de todo, desordenado y sin hilo conductor, incluida Russian Red, con lo mal que me cae la pobre. Pero cuando algo es BIEN, hay que reconocerlo. Y esa canción (y las del resto de la lista) lo son.

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