Morriña vs. Modorra

El otro día hablaba con unos amigos de la diferencia entre las palabras “modorra” y “morriña”, que muchas personas utilizan mal, intercambiando la una por la otra. La modorra es ese sueño casi invencible que te entra después de comer, que hace que nadie vea los telefilmes de la sobremesa y que tan agradable es cuando puedes disfrutar de él (y tan horrible cuando no es así).

La morriña, sin embargo, es echar de menos el sonido de un corcho de sidra al salir de la botella, el olor de un cachopo casero con sus patatas fritas de acompañamiento, los mil alfileres que parece que se te clavan en el cuerpo cuando por fin te atreves a sumergirte en el agua del Cantábrico. Es ponerte una camiseta de manga larga en verano porque por la tarde refresca, bajar a la playa aunque llueva un poco o comerte una sardina con pan sólo porque es la fiesta, no porque te gusten. Es quedar para tomar solo una y acabar volviendo a tu casa a las 5 de la mañana, es el olor del salitre en el aire, poner un huevo en un vaso la noche de San Juan y que al día siguiente la clara sea un barquín, es que el termómetro marque más de 28 grados y todo el mundo lo comente como un hecho sobrenatural, es un “¡Calla ho!” sonoro y a tiempo.

Prima hermana de la nostalgia, la morriña no es más que echar de menos el lugar del que vienes y que nunca hay que olvidar, aunque tú hayas elegido irte y no tengas pensado volver más que de visita, al menos de momento. El lugar que te define mucho más de lo que muchas veces quieres creer y que posiblemente influya en la manera en la que te enfrentas a la vida mucho más de lo que puedes imaginar. Es peligrosa la morriña, porque al igual que la nostalgia, tiende a endulzar esos recuerdos que tenemos del sitio del que venimos. Pero es necesaria, también, porque sin esa idealización de las cosas, la cotidianidad es bastante más áspera.

En este punto, mis recuerdos del verano en Asturias son tan buenos (y puede que condescendientes) que las ganas de pisar la tierruca aumentan con cada hoja que arranco en el calendario, acercándome a la fecha en la que volveré a dar un trago a un vaso de sidra compartido con gente a la que llevo queriendo (y echando de menos) mucho tiempo ya.

5 comentarios

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5 Respuestas a “Morriña vs. Modorra

  1. Eva

    Estoy segura que si mis padres leyeran tu entrada te comprenderían aún mejor que yo (llevan la friolera de 47 años en Bcn); este año que por fin se jubilan podrán pasar más tiempo allí y tal vez se sorprendan y echen un poco de menos algo de aquí, ¡vete tú a saber!.
    Me han entrado unas ganas enormes de volver, de comer boronos con patatas fritas, tortos…hasta de ortigarme caminando por la “chouria” del pueblo de mi madre!😉

    ¡qué lo disfrutes!
    E.

  2. Querétaro

    Manifiestamente mejorable el título el que has puesto para presentar tu comentario, Carma. Joaquín Sabina lo titularía sin apenas dudarlo, algo así como: Pongamos que hablo de Candas. Pero como eso solo lo sabe Querétaro y cuatro más, mejor dejarlo como está.
    Trabajo, me cuesta trabajo creer que persona alguna pueda utilizar las palabras “modorra y morriña” para definir o diferenciar sensaciones tan dispares como son: el echar de menos o añorar ese cúmulo de recuerdos agradables o que en su momento dejaron huella, y la aparición de la bendita somnolencia precursora del “que pigazín más guapu acabo de echar” y del “¡Joder, quedeme fritu!” respectivamente.
    Y hablando del bebercio:
    ¿Vas a dar un trago a un vaso de sidra, a beber un trago de sidra o un culín de idem, Carma? Digo… que… no es lo mismo beber un trago de sidra- esto solo lo hacen las personas que nunca lo han probado-, que beber o trasegar un culín de… de qué va a ser un culín, rediós- por los ya iniciados o adictos sin remedio, que dar como, tú escribes “un trago a un vaso de sidra compartido con la gente…”
    Retomando el “volveré dar un trago a un vaso de sidra compartido con gente”, a no ser que tengas como hobby el tragar cristales, pues… que quieres que te diga ¿No crees que quedaría mucho mejor “dar un trago a un culín de sidra compartido con la gente…”
    Por lo demás, tu comentario raya en la excelencia. (qué será eso de la excelencia, me pregunto)
    Y respondo: La excelencia eres tú, Carma
    Me declaro un carmenlópezadicto convicto y confeso.

  3. Leimark

    este verano, hasta ahora, no había sufrido la primera, te odio!!!!

  4. Querétaro

    Puede que sí o puede que no, pero en cualquier caso, es mejor empezar odiando y terminar amando, que viceversa. ¿Por qué no pruebas con la dieta del arrozín cocido solo con agua y caldosino, y de postre una manzana rayada?.
    Como colofón, el lavase las manos de vez en cuando tampoco está de más
    ¡Venga, que tampoco ye pa tanto!

    • laespumadelosdias

      Tranquilu, que el arriba firmante Leimark, no hace más que expresar su “echar de menos” la tierruca. Es de la familia y le permitimos los exabruptos de odio o de lo que sea😉

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