Factores menos amables

Llevo apenas un cuarto del nuevo libro de Kiko Amat “Mil violines” leído y ya me ha invadido esa sensación dual que me coloniza cuando leo algo de algún autor al que admiro sin fisuras. Ese ansia de escribir, del tecleo que se escapa por las yemas de los dedos, de verbalizar esa emoción intelectual que provocan los textos que llegan bien adentro porque te identificas con ellos, porque te reconoces en ellos. Y por otro lado la terrible certeza de que no llegarás a ese nivel, ese presentir incómodo de que el tiempo se te escapa de las manos,tú estás ahí sentada, sin hacerlo y ahí sigues.

Me pasa con sus escritos y con los de otra gente como Enric González, entre otros muchos. Y es que en su escritura directa, irónica pero sin cinismos, en esa manera de narrar de tú a tú, de crear esa reconfortante complicidad con el que lee -ese brutal momento en el que encuentras un párrafo que te define como si lo hubieses contado tú-, en esa capacidad para articular historias vislumbro lo que me gustaría hacer a mi pero no hago. Y no hablo de las entradas publicadas en este blog, ni de otros artículos escritos por ahí. Hablo de la gran historia, de la novela que podría intentar escribir pero que no escribo porque pierdo mi tiempo pateando calles, tomando birras, hablando de chorradas y lo que es peor, viendo sonrojantes (por pueriles) series americanas que poco o nada aportan a la formación de una persona, es decir, la mía propia.

Ya he hablado por aquí de esa capacidad para la procrastinación que manejo y que podría, seguramente, ganar concursos internacionales. Hablo de esa incapacidad para sentarse delante del ordenador y empezar, continuar y terminar esa historia que te cambiaría y que te haría entrar en ese subgrupo elevado (o no) de gente que publica. Pero siendo justos, no se puede echar toda la culpa a la vaguería y la tendencia a la dispersión sino que también entran en juego otros factores menos amables como el miedo al fracaso, a no saber hacerlo bien (como dijeron en su día Los Planetas), a no ser como los demás esperaban que serías y lo que es peor, a no ser como tú te imaginabas que podías ser.

Supongo, aunque más bien ignoro, si este es un mal generalizado que invade a cualquiera en cualquier profesión. No se si el arquitecto piensa de vez en cuando en su gran edificio pero en vez de sentarse a dibujarlo se baja al bar a ver el fútbol o si la modista prefiere hablar por teléfono con su tía en vez de plasmar los patrones de ese vestido que la elevaría a los cielos de la Alta Costura. Solo se que a mi me pasa.

Todo esto no es más que una paja mental fruto de un día con un elevado índice de saturación mental y que poco o nada importará a nadie más que a mi misma. Pero como dice el propio Amat en su libro (y cerramos el círculo del texto: “Decididamente no pedí ser así. Salió. Salió así”.

2 comentarios

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2 Respuestas a “Factores menos amables

  1. Joaquín

    Tranki y no te me deprimas, Carma, que mientras no pierdas la capacidad de sorprenderte, o te de por aposentar tu culo inquieto en el sofá tentador de la estación de la Rutina. Todo eso a que aspiras lo vas a tener pronto a tu alcance. No lo dudes.

    Procastinar un poco esta bién, pero sin pasase, que te voy a contar, si recién hoy acabo arreglar mis cuentas con el vampiro estatal.

    Tampoco pasa nada porque frivolices un poco. Lo del hedonismo, no sé, no sé que
    decirte..mmmm. Algún día si surge la oportunidad le preguntaré a tu madre que opina al respecto.

    Enga,Carma, que sepas que te sigo con mucha afición

    “Me entristece cuando alguien confiesa abatidamente que nada le sorprende ya en el pop. ¿Vivir así? Debe ser terrible. Yo, en cambio, me sorprendo a menudo. Y me alegra sorprenderme. Me alegra no saber. Me alegra lo que queda por descubrir, me llena de expectación y euforia; pensar en todos esos libros y canciones aún por desenvolver.
    No estar de vuelta de todo: qué suerte.
    Ser un ignorante en algunas cosas: qué bien.
    Estoy seguro de que son este tipo de cosas las que hacen que uno viva cien años. El mantener viva la curiosidad constante.” Kiko Amat

  2. laespumadelosdias

    Ah, no, no. Depresión no. Sólo era un poco de reflexión.

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