Existencialismo infantil

Cuando era pequeña sufría de vez en cuando esos arrebatos de tristeza infantil que sufren todos los niños de vez en cuando. Algunos estaban relacionados con cosas concretas como que mamá se había ido a trabajar o porque Candy Candy lloraba en la pantalla. Pero otros tenían que ver con una especie de vació existencial, con un existencialismo pre-adolescente, con el a dónde vamos, de dónde venimos o qué coño hago yo aquí. Me acuerdo perfectamente de que esa tristeza existencial infantil se materializaba cristalinamente en la hoja de resultados de los partidos de fútbol que daban (¿dan?) en los bares asturianos -ignoro si se hace en el resto del país-. Esas hojas grandes con publicidad de negocios locales en colores chillones que aparecían por las mesas de los bares en los que siempre olía a sidra, a humo de puro y en los que la banda sonora era un partido de fútbol aliñado con comentarios en voz demasiado alta de los parroquianos.

Bares oscuros con barras de mármol y calendarios de gatitos y señoras sin camiseta obsequio del taller de coches de la acera de enfrente y con pinchos un poco resecos, un poco mustios ya. Serrín y cáscaras de cahuetes en el suelo, un chigre de los de toda la vida, vamos, con mesas y sillas de madera barnizada, un poco oscuro, un poco así.

Y la voz de tu madre diciendo al final del partido (o de la primera parte, dependiendo de la hora):”Ala, vamos a cenar y pa’ la cama, que mañana hay cole” y el nudito de trsiteza existencial dominguera crece hasta hacerse del tamaño de una bola de billar y la mirada de reojo a la puñetera hoja de resultados y del billar pasamos a los bolos. Una tristeza, una angustia que con el paso de los años acabaré sabiendo identificar como el tedio dominguero, la depresión anticipada del deber que acecha a la mañana siguiente, de la pereza en potencia con la que apagarás el despertador, la rutina con cara de lunes que ya se acerca. El terror, odio y puto asco a los domingos del que ya se ha hablado y escrito antes y por otros que seguramente lo hacían mucho mejor que yo.

Con la identificación de la angustia, como con el diagnóstico de la enfermedad, también vino el revulsivo y la certeza de que el domingo es una mierda, pero puede ser una de las buenas. Y pocas cosas son más eficaces para mejorar un día (y un mes, un año, una vida) que la música. Así que una parte del domingo se ha pasado haciendo la lista de los grupos que hay que ver en el Primavera Sound 2011. Al resto puedes ir a verlos, pero sólo si no coinciden con estos (es una recomendación personal). Sube el volumen y disfruta, que aún no es lunes.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Existencialismo infantil

  1. eva

    Para mí ese sentimiento iba asociado directamente con los domingos por la tarde-el fútbol por la radio-el anuncio de “soberano” (es cosa de hombres). El rollito “chigre” también lo viví, por partida doble, en versión “emigrante” (porque mi familia es de tu tierra y he tragado horas y horas de centro regional) ; y también en versión original de aldea 100%. El olor a sidra y puro es como meter la cabeza en un silo de hierba😉

    saludo!

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