Desmoronamiento en 140

La actualidad me abruma. Creo que desde aquellas elecciones estadounidenses en las que Bush volvía a salir elegido (y en mi casa, después de una noche sin dormir sólo por mantener la esperanza de que el mundo no era tan imbécil, desayunamos desánimo) no recuerdo un periodo informativo vivido tan intensamente. Las torres gemelas se cayeron un día antes de que yo pusiera un pie en Madrid dispuesta a empezar la carrera de periodismo (¿en qué estaría yo pensando? ¿En qué?) y quizás debí de tomármelo como un presagio de que lo que se avecinaba no era precisamente un mar de calma.

Lo cierto es que la adicción a la información debería de considerarse una deformación profesional o más bien una enfermedad consecuencia de tu trabajo. Así como la mayoría de los mineros acababan teniendo silicosis o los profesores depresión, muchos periodistas acaban padeciendo adicción a la información, incapacidad para desconectarse, ansia de las 5 “W” que acaba convirtiendo conversaciones banales en entrevistas en profundidad. Todo esto, como siempre por aquí, es pura exageración pero no tanto y con Internet nos han jodido bien, siendo Twitter la última droga informativa que nos trae a todos (los adictos) por el metafórico camino de la Rosilla.

Me levanto por las mañanas y después de tomarme el café, salgo corriendo de casa para coger el metro. Una vez en el vagón, sentada los días de suerte y aplastada los que no, abro la aplicación de Twitter en el móvil (la tecnología ha venido para ayudarte, pequeña) y empieza la fiesta. Los días que algún famoso no ha dicho alguna patochada y el cachondeo en la red se ha convertido en Trending Topic mundial, ha estallado la revolución en no se dónde y el orden mundial que hemos vivido hasta ahora se tambalea con cada tweet. Ya no leo el periódico: ahora consulto los links que ponen en Twitter la gente a la que sigo, por ejemplo. Un día sin entrar en Twitter es el equivalente a cuando tus padres no te dejaban ver esa serie (“es para mayores”) y al día siguiente en el patio del colegio eras el único que no sabía de que iba la cosa.

Está claro que Twitter sólo es la plataforma y que lo que ocurre es que ocurren muchas cosas y antes el equivalente era la televisión y antes la radio, los periódicos, los folletines, los libros, los pergaminos y hasta las paredes de una cueva. No es esta una oda a la red social del pajarito azul: es una constatación de que las cosas tal y como las conocíamos se están desmoronando (y mi profesión -¿mi vocación?- lo primero) y yo lo leo a través de mensajes de 140 caracteres.

P.D: Mientras escribía esto, The White Stripes han anunciado que se separan. Sirva la mención de homenaje porque un día fueron grandes.

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