Se llama obsesión

Estoy volviendo a leer a Nick Hornby (sí, otra vez) y aunque me joda en mayor o menor medida puedo verme reflejada en algunos de los fragmentos de sus libros. En especial (aunque me joda en mayor o menor medida también) en aquellos en los que narra aspectos de su relación con la cultura. Y es que yo, cómo Hornby, soy una persona tendente a las obsesiones culturales.

Hay quién lo llamará pasión o ser fan de, pero realmente roza la obsesión (o la abraza sin miramientos, más bien). Desde que empecé a interesarme por la cultura he tenido fijaciones más o menos intermitentes con grupos, autores, historias, películas y casi cualquier cosa que se pueda meter en el saco del consumo cultural. Cuando tenía unos 10 años me obsesioné con los libros de “Celia” o más bien con la vida de su autora, Elena Fortún (era un pseudónimo). Para los que no se acuerden (o sólo lo hagan de la casposa serie de televisión que hicieron en TVE1) Celia era la protagonista de una serie de libros publicados entre 1930 y la primera posguerra española (aproximadamente) dirigidos a los niños de la época. Empezaron como relatos que la autora publicaba en el suplemento “Blanco y Negro” del ABC y que luego se convirtieron en libros gracias a la editorial Aguilar. Celia, la protagonista, era una niña de padres adinerados sabionda y respondona que hablaba de lo que pasaba a su alrededor en una época que empezaba a ser convulsa en el país. Como digo, tanto como el personaje, me fascinaba la historia de la autora que contaba Carmen Martín Gaite en el prólogo de la reedición de “Celia lo que dice”, el primer libro de la serie. Puede que la historia no fuese tan diferente del resto de historias de todos los republicanos que al perder la guerra tuvieron que emigrar para seguir viviendo, pero a mi me fascinó. Me pasé mi última infancia y pre-adolescencia buscando en las librerías de viejo de Oviedo y alrededores los libros de la serie que no habían sido reeditados y conseguí completarla casi al completo. Me falta el titulado “Celia en la revolución” que no es sino un crudo relato de las vivencias de la autora durante la guerra civil. Un libro que poco tiene de infantil y que algún bibliotecario despistado por el título y la autora colocó en una de las estanterías de la biblioteca pública para niños de Oviedo y gracias al cual cayó en mis manos. Releí aquel volumen mil veces -puede que fuese mi primera lectura adulta- y años después, cuando ese milagro llamado Internet llegó a mi casa, investigué hasta dar con la historiadora Marisol Dorao, que había hecho una tesis sobre Elena Fortún para preguntarle dónde podía dar con el libro. Imposible.

Casi por la misma época me empecé a obsesionar con la música pop. Los primeros fueron los Beatles (poco original). Me pasaba las letras de las canciones con otra amiga a la que también le fascinaba, leía libros sobre sus vidas, curiosidades, teorías de la conspiración, todo. No me bastaba con lo que se sabía, quería más, quería secretos, quería saberlo todo, quería… Bueno no se muy bien que quería, las obsesiones son un poco así, supongo. Luego, la avalancha de información que supuso Internet disipó ese interés exclusivo por una sola banda, unido a que conocer más y más datos acerca de algo o de alguien se limitaba a teclear su nombre en un buscador y a quemarte las retinas leyendo en la pantalla de un ordenador de sobremesa. Perdió la emoción.

La obsesión por la música siguió latente o más bien se convirtió en pasión, que es un tanto menos enfermiza, aunque ahí sigue, asomándose a saludar de vez en cuando. Una determinada época de mi vida (más o menos la etapa universitaria) me obsesionó el cine. Nouvelle Vague, dogma, sesiones y sesiones de filmoteca, miles de películas en el sofá, horas hablando de cine. No todo era arte y ensayo, claro, recuerdo que allá por el año 2001 debí de ver “Reality Bites” más veces de lo aconsejable para la salud mental. Ya ves tú. Me encantaba la banda sonora, el pelo de Winona Ryder, Ethan Hawke, la historia. El otro día hablamos de ella (de la película) y realmente creo que lo que me flipaban eran los ya pasados años 90 y todo su espíritu. La Generación X y todo eso (el libro con el mismo nombre también me obsesionó una temporada).

Todo lo demás ya es darle vueltas a lo mismo. Me han obsesionado Guy Delisle y sus cómics sobre sus vivencias en países asiáticos, Wes Anderson, Nacho Vegas, Los Planetas, la serie de “Malas Ventas” de Alex Robinson, los movimientos culturales, las tribus urbanas, los fanzines, Godard, Coco Chanel, Irvine Welsh, el propio Nick Hornby y otras mil cosas más de las que ahora ni me acuerdo ¿También os obsesionáis?

6 comentarios

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6 Respuestas a “Se llama obsesión

  1. Cube

    Yo me he obsesionado con Jason Schwartzman. Pero ya le estoy pillando manía.
    Siempre me ha pasado con todas mis obsesiones, al final me caen todos tan mal que hasta me da vergüenza decir que alguna vez he estado obsesionada con él/ella/ello. Y me da rabia porque el Jason Schwartzman bien majo que parece. Yo es que soy de cansarme.:/

  2. chasingalmacigas

    yo soy muy de obsesiones tambien, y comparto muchas de las aqui mencionadas. A mi Celia no me marco tanto como otras series de libros del rinconin de guajes del fontan (el cual por cierto me atraia y asustaba al mismo tiempo, porque la primera vez que fui me llevo mi hermano mayor que se olvido de mi y me quede sola hasta que alguien lo localizo…que tristeza de vida ahora que lo pienso). Bueno eso, Nick Hornby, el pelo de Winona, la banda sonora y sobre todo Ehtan Hawkes. Que habra sido de Ethan Hawkes…

  3. eva

    Empiezo…
    Drácula desde mi más tierna infancia, recuerdo una serie que hicieron por la tele con un vampiro adolescente llamado Ludwig, se mezclaba entre los humanos porque era siniestro. Ciclos de la Hammer, libros, trabajos de universidad sobre Drácula.

    La época de finales del siglo XIX-inicios del XX. El Modernismo, el Simbolismo, de hecho estudié Arte, así que puedes hacerte a la idea.

    Si escucho una canción que me gusta y no se de quién es, revuelvo cielo y tierra hasta que lo encuentro. Me pasó con “Mi gran noche” de Rafael.

    Cortázar, Kundera, Tabucchi, Barnes, la novela negra…

    Y un montón que ahora mismo no me vienen a la cabeza, pero de todos modos paro porque voy a parecer muuuuuuy obsesiva😉

  4. Mery

    West Side Story cuando era muy pequeña,
    el niño de Solo en Casa antes de que creciera,
    Los Beatles,
    John Lennon (todavía dura!!),
    Amelia Earthart (sí, la mujer piloto que desapareció y de la que han hecho una película horrible),
    Walt Whitman,
    Chris de Doctor en Alaska,
    Hildegart Rodríguez, que murió a manos de su madre loca en 1933,
    y últimamente el protagonista de Celda 211 y ciertos estribillos de La Costa Brava…

  5. enidm

    Uy que bueno esto, empiezo:
    el mudo de los hermanos marx y su arpa, de los tres a los cinco (este por lo visto me afecto)
    los libros de pacto (detectives) cuando tenía unos 9 años, creo que hasta fue mi primer intento de robo, (los buscaré por casa porque en internet no encontré nada)
    una serie de instituto cuya protagonista era la chica de romeo y julieta, la serie se llamaba “es mi vida”.
    yo también era de cortazar y benedetti
    collin flirth y su papel en la serie inglesa de orgullo y prejuicio…
    el cine cubano y la música hardcore española ??¿¿¿
    la ciudad de londres, tuve la guía encima de la mesilla de noche durante un año entero
    y paro porque sino ya me dejaís de hablar…

  6. Pingback: La bondad de los desconocidos | Laespumadelosdias's Weblog

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