Broken Social Scene, los grandes olvidados

Hay veces que olvidas grupos que te gustaban, como olvidas el número de teléfono de un viejo amigo al que solías llamar todos los días o la combinación del candado de una maleta que hace tiempo que no usas. Sin más, vas dejando de escucharles porque en esta locura de vida moderna la avalancha de información es tal que si muestras un poco de interés cada día descubrirás 50 bandas nuevas que querrás oír, 100 libros que querrás leer, 500 películas que desearás ver y así con casi todo a lo que llamamos cultura. Imposible de asimilar.

Así que eso fue lo que me pasó con Broken Social Scene, ese grupo de Canadá integrado por mucha gente entre la que se encontraba Feist, una chica muy mona que después se hizo bastante famosa en solitario. Mi relación con el grupo fue un poco inconsciente. Me explico: era algo parecido a lo que pasa a veces cuando te preguntan cuál es tu comida preferida e inconscientemente respondes algo como “lentejas” ¿Lentejas, en serio? Quiero decir, es fácil pensar que tu plato favorito va a ser algo más sofisticado o poco común que las lentejas, pero resulta que no. Algo así como no darte cuenta de lo mucho que te gusta algo hasta que alguien te señala precisamente eso, lo mucho que te gusta. Pues con BSS fue así: no me di cuenta de que estaba enganchada a su música hasta que un día alguien me dijo: “Cómo te gusta este grupo ¿no?”. Pues sí.

Bueno, el caso está en que me olvidé de ellos. Mi época de mayor adicción fue el último año que pasé en Madrid, un tiempo en el que por motivos personales iba a menudo a un barrio de la periferia. Cuando no viajaba acompañada, escuchaba siempre BSS. Asociaciones mentales. Después vinieron otra ciudad, nuevos amigos y por lo tanto nueva música, nuevos libros, nuevo todo (otras voces, otros ámbitos) y las canciones de BSS se perdieron en toda esa maraña de información. Hasta el otro día.

Fue viendo un vídeo que el amigo Kerito hizo sobre su viaje a Nueva York. La música del clip es de BSS y al escucharla algo hizo clic en una remota parte de mi cerebro y el grupo volvió a ser una colaboración habitual de mi banda sonora diaria. (Estoy librando una ardua batalla con un resfriado terrible, así que es posible que todo este post sea una mermelada mental ininteligible. No soy yo, son los mocos).


(El vídeo de Kerito, “We Love New York”).

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