Writer’s room

Hace ya tiempo descubrí una serie de artículos publicados en The Guardian en la que se describen, a partir de una fotografía, cómo son las habitaciones dónde suelen sentarse a trabajar diversos escritores. Me encantó la idea y me pasé mucho tiempo leyendo, viendo e imaginando las habitaciones de escritores como Martin Amis, Roal Dahl, Virginia Wolf e incluso Jane Austen o Charlote Brönte.

Lo que más me fascinaba de todo era adivinar cómo es o era cada escritor a través de su espacio de trabajo, ordenado, pulcro, caótico, luminoso, lúgubre, abierto o cómo fuese y comprobar si este coincide con su propia forma de escribir. Siempre me gustó mucho averiguar cómo son las casas por dentro a través de las ventanas, mirar por un agujerito si aquel cuelga fotografías en las paredes o si aquella tiene debilidad por las figuritas tipo Lladró. Me encanta ver las casas de mis amigos y observar sus colecciones de discos o sus bibliotecas, si tienen juego de café o vasos de cristal, si el jabón de manos huele a melocotón o a lavanda y si los techos son altos y tienen cenefas en las paredes. No es mero cotilleo, aunque inevitablemente siempre algo hay, es que las habitaciones hablan de las personas que las habitan, que van dejando detalles de sus personalidades aparcados por las esquinas y pegados en las paredes.

Hace tiempo describí cómo era el sitio dónde escribo en Barcelona, pero desapareció en las infinidades de Internet cuando me cerraron la cuenta del sitio dónde estaba escrito. En estos momentos escribo en el que fue mi escritorio infantil, que ya me queda un poco pequeño pese a no haber crecido demasiado desde aquellos tiempos en los que lo usaba diariamente. A mi lado hay una taza con un poco de café ya frío del desayuno y una cámara analógica alemana marca Porst que me acompaña en el viaje. También hay un montón de papelotes apilados sin orden aparente y unos post-its amarillos con dibujitos con títulos de canciones y libros apuntados para el futuro. En frente tengo una pared pintada de azul con un corcho en el que hay colgadas postales, un póster en el que se puede leer una tira de Mafalda y sobre todo, un montón de fotos en dónde aparecen amigos que lo fueron durante algún tiempo y otros que afortunadamente aún lo son. También aparezco yo muy distinta a cómo soy ahora con el pelo largo, largo y rubio. A la izquierda, una estantería con muchos libros y CDs y a su lado, una ventana por la que entra la luz grisácea del mediodía y se puede ver el edificio de ladrillo visto de enfrente, que parece una portada de los Streets, me dijeron una vez. A la derecha, la puerta por dónde entra el olor de la cocina dónde mi madre prepara la comida, qué hambre. Y detrás, la cama-nido con el nórdico revuelto (es agosto, pero yo aquí duermo con nórdico) y estanterías con más libros y muñecos, un montón de muñecos.

De esa estantería dónde estaban los CDs he rescatado algunos para escuchar estos días. Hacía mucho que no escuchaba a estos grupos y con algunos he tenido un reencuentro agradable (con otros no, la verdad). Uno de los buenos ha sido con The Magnetic Fields. El CD (Get Lost) me lo regaló un amigo hace mucho tiempo y recuerdo que me había dejado bastante indiferente. Hay grupos que tienes que esperar a que te gusten, porque a veces no es el momento: aquel no lo era y este sí.

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

Una respuesta a “Writer’s room

  1. Pingback: No me gusta titular « Laespumadelosdias’s Weblog

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s