LadyFest: un concepto

El día en que Toby Vail y el resto de su grupo, Bikini Kill, se subieron a un escenario proclamando The Revolution Girl Style Now algo empezó a cambiar en la escena musical y cultural, primero de Estados Unidos y después del mundo: las mujeres proclamaban un papel activo en la escena, hartas de abusos, marginación y de que tratos machistas y excluyentes.

Corrían los primerizos años 90 y las Bikini Hill (Kathleen Hanna, Tobi Vail, Kathi Wilcox y Billy Karren) eran sólo uno de los grupos integrados por mujeres que intentaban hacerse oír en la bulliciosa escena musical de Olympia (Estados Unidos). Por aquellos tiempos era normal que las mujeres que asistían a los conciertos sufriesen abusos sexuales por parte de los asistentes masculinos, los mismos que no las dejaban tocar en directo y que las apartaban totalmente de la participación en las jornadas musicales. La mecha de la rebelión femenina comenzó a extenderse y con el DIY (do it yourself o hazlo tu mism@) como religión comenzaron a crear fanzines -revistas autoeditadas- que servían como vía de difusión de un movimiento que cada vez se hacía más fuerte. Mediante talleres para aprender a tocar instrumentos musicales, redes de correo y encuentros se fue gestando lo que después pasaría a llamarse movimiento Riot Grrrl. El nombre se lo puso Allison Wolfe de Bratmobile en la International Pop Underground Convention de Olympia. En dicho término se sintetizaron todos los sentimientos de las integrantes de aquella corriente: la rabia, la rebeldía y ante todo, un alejamiento patente del victimismo.

La década de los 90 pasó a ritmo de grunge, brit pop y punk rock y todas aquellas mujeres que reclamaban sus derechos dentro de la escena se hicieron un hueco a base de constancia y actitud. En la segunda mitad de los 90 surgió lo que se etiquetó como “Girl Power”: grupos musicales integrados por mujeres que hacían música comercial y de manera frívola y un tanto chabacana mostraban actitudes supuestamente feministas que no eran más que una pose para vender discos y que distaban bastante de los principios de las riot grrrl. Uno de los grupos más representativos de aquella estrategia comercial fueron las Spice Grils, un grupo prefabricado formado por 5 de los peores estereotipos femeninos de la época, que confundían liberación femenina con airear públicamente sus gustos sexuales. Afortunadamente y como productos de la moda que eran, las Spice Girls apenas duraron dos discos y fueron poco más que la banda sonora de los bailes de adolescentes en las fiestas de los institutos de la época. En 1998, en pleno apogeo del Girl Power, las riot grrrl dieron por finalizado su movimiento.

Con el año 2000 llega el primer LadyFest en Olympia para recordar y homenajear la labor de aquellas Riot Grrrl que tanto se habían esforzado por dar voz a las mujeres dentro de la escena musical. Aquel LadyFest se organizó gracias a las precusoras del movimiento como Toby Vail o Allison Wolfe, con una actitud política basada en el feminismo de Tercera Ola de Estados Unidos (posestructuralista e inspirado en el feminismo de la igualdad y de la diferencia, a partes iguales). Rápidamente el LadyFest pasó de festival a concepto y comenzó a celebrarse en diferentes ciudades del mundo hasta llegar a España por primera vez en el año 2005, en Madrid. Fieles a los principios del primer LadyFest las organizadoras celebran “ladyfiestas” para recaudar fondos, talleres y merchandaising DYT como camisetas o chapas como medio de recaudación de fondos para el festival. Por primera vez, el 28 y 29 de octubre del 2005 bandas como Sibyl Vane, Hello Cuca, Solex, Partyline o las mismísimas Toby Vail (con su nuevo grupo Spider and the Webs) y Allison Wolfe se subieron a un escenario para tocar en el Primer LadyFest Spain. Además, durante ese fin de semana se celebraron en la ciudad numerosos talleres temáticos, charlas y mesas redondas donde se trataron temas relacionados con el papel de la mujer en la música y otros aspectos de la sociedad, entre otros, aunque siempre relacionados con el género femenino. El festival resulta y acude bastante gente, teniendo en cuenta el plano underground en el que se mueve la iniciativa.

Volverá a celebrarse otro LadyFest en Madrid 3 años después, pero entre medias surgirá el LadyFest Sur en 2007. Esta versión local del LadyFest se sitúa en Sevilla y se organiza como grupo para la creación de talleres, exposiciones, proyecciones y demás actividades culturales que sirvan para potenciar la actividad cultural y creativa de las mujeres y feministas. Tienen su propio manifiesto y han mantenido una actividad constante desde su surgimiento.

“Ladyfest NO es un festival”, así comienza el manifiesto de LadyFestSpain 2008, tres años después de la celebración del primer LadyFest en España, que ahora se ha convertido en una comunidad que empieza con el proyecto y continúa más allá de la celebración del mismo, como se define en ese mismo manifiesto. Esta vez la organización tiene una sede localizada en el Espacio Polivalente Autogestionado El Patio Maravillas, un antiguo colegio de monjas situado en la calle Acuerdo del barrio de Malasaña en Madrid, que se okupó una semana de julio de 2007 para utilizar como lugar de asamblea del Rompamos el Silencio (Semana de Lucha Social) de ese año y desde entonces se ha convertido en un auténtico centro de actividad autogestionada. Ahí se han llevado a cabo talleres, charlas, exposiciones y desde ahí se han organizado LadyFiestas recaudatorias para lo que finalmente tendría lugar del 15 al 18 de mayo, con la presencia de otra históricas del movimiento, Lydia Lunch y otros grupos como The Baguettes o Le Mot.

LadyFest ocurre sin tu permiso es otro de los lemas del concepto. Las organizadoras de todos los eventos relacionados con este idea o más bien, sentimiento, animan a otras mujeres o simpatizantes ideológicas a organizar Ladyfest en sus propias ciudades, ayudando así a que la figura de la mujer en el mundo de la cultura se haga visible y sea por fin igualitaria. Porque por supuesto, en un mundo sin machismo este festival no tendría sentido y como dice otra de las proclamas “Nadie lo va a hacer, ni puede, hacerlo por nosotras”.

(Artículo publicado originalmente en el número 7 de la revista CENTRAL. Puede consultarse el número en PDF en http://centralzine.com)

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