No a la pedantería

Cómo me jode la pedantería. El “¿en serio no conoces X?” pronunciado con condescendencia, el “pobre, que no sabe lo que escucha”, la cita literaria elevada, la fecha anotada a pie de conversación. Como un pavo real sacas a relucir tu cola de datos acumulados con el paso del tiempo, con bolas de alcanfor para que no se los coman las polillas dejando claro que tú sabes más, tienes más, eres más.

Este exabrupto viene provocado por algo que acabo de leer y por lo que alguien va a cobrar, hay que joderse, cuando lo único que ha hecho es sentarse y ver y creerse más por entender. Cosa que me parece de puta madre, pero no menosprecies al que ha decidido invertir su tiempo en leerse el último Mongolia, en fumarse un cigarro mirando a la calle o en hacer que cantaba una canción de Rosendo utilizando el palo de la escoba a modo de supuesto micrófono. Si lo que mejor te ha hecho sentir esa película, ese libro o esa obra de arte que viste o leíste ha sido la sensación de haber sido el único que lo ha entendido es que igual no eres tan listo como te crees.

Y que conste que estoy muy a favor de fliparse con la cultura (entendida en su más amplia generalidad) y darle la turra a los que te rodean con canciones, libros, películas, series, fanzines o lo que sea. Los y las que me conocen han tenido que aguantar mis chapas descomunales sobre cualquiera de esas cosas y saben lo brasas que puedo llegar a ser. Pero es que creo firmemente que cultura es genial y sobre todo cuando es compartida: si de verdad crees que algo es la rehostia, díselo a tus colegas y compártelo con ellos y ellas, hazles partícipes. No levantes la nariz como si fueses un aristócrata de la intelectualidad y muy especialmente si encima trabajas en un medio de comunicación en una sección de cultura. Eres el puto mensajero, joder, no la estrella de la novela vestida con un batín de seda.

Y ya.

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P.D: seguramente yo misma haya sido pendante muchas veces y lo siento. Intentaré no hacerlo más.

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Propósitos de año nuevo

Aviso: que los escriba no quiere decir necesariamente que vaya a cumplirlos, pero al menos lo intentaré (considérese este un primer propósito o el piloto de la serie que encontrarán a continuación).

  • Aprender a tomarme las cosas con más serenidad y no vivir en una histeria constante.
  • Equilibrar mejor el ocio y el trabajo.
  • Ir a más conciertos, a la filmoteca y leer todos los libros que pueda. Dar rienda suelta a esas obsesiones.
  • Pasar menos tiempo haciendo nada en Internet.
  • Luchar contra las injusticias del sistema capitalista de todas las maneras que pueda. Impedir el avance de los zombis-absorve-cerebros de la derecha en la medida de mis posibilidades.
  • No perder el sentido del humor por muy oscura que se vuelva la realidad.
  • Viajar todas las veces que pueda.
  • Hacer lo mejor que pueda mi trabajo: ser mejor periodista.
  • Escribir todo eso que tengo en la cabeza y todo lo demás que se me ocurra.
  • Comer más fruta.
  • Canalizar mi ira y no pagar mis enfados con quien tengo al lado (¡pobre!) sino con quien de verdad se lo merece.

Ya veremos qué pasa, 2014.

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2013: se acabó lo que se daba

No están ordenadas por importancia, solo agrupadas por bien y mal ¿El balance general? Un año difícil pero interesante y mejor que el 2012. Aunque eso tampoco lo tenía muy difícil.

Cosas malas del 2013

  • La situación político-social que vive este país y los impresentables que nos gobiernan.
  • Las condiciones laborales de los que tenemos trabajo(s).
  • La cuota de autónomos, la burocracia en general.
  • La epilepsia maldita: vete, que nadie te llamó.
  • El éxodo generalizado de amigos y amigas fuera de este país: Skype como nuevo bar de moda.
  • Los quebraderos de cabeza provocados por las anteriormente mencionadas malas condiciones laborales, papeleos y problemas de autoridad (ajenos) mal gestionados. La incompetencia y el ser un lameculos como garantía de éxito.
  • Gallardón y sus colegas.
  • Los problemas de salud familiares, el paso del tiempo.
Adiós 2013

Adiós 2013

Cosas buenas del 2013

  • Ser profesora y aprobar a todos mis alumnos y alumnas.
  • Laboralmente, conseguir objetivos como publicar en medios como SModa, Barcelonés o Playground.
  • La casa del Raval y su terraza, en donde tan bien lo hemos pasado.
  • El viaje a Roma.
  • Las visitas a Madrid, a Asturias, a Extremadura.
  • Volver a tener bici de nuevo (¡Gracias Ainhoa!)
  • Teo, su mamá y su papá. A happy family!
  • Los reencuentros con amigos y amigas que se han sucedido por los diferentes puntos de la geografía española. Lejos pero cerca.
  • Las noches, los vermús y todos los momentos compartidos con amigos en Barcelona. Menos mal que resistís con nosotros.
  • La familia.
  • Y Javi, por supuesto. Y todo lo que aprendimos.

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De tocayas, libros y sintonías

La temporada de hibernación tiene sus cosas buenas y además por estos lares también nos vienen bien los periodos de descanso en el sofá. En ese grupo de cosas buenas se pueden incluir los descubrimientos que hicimos ayer por la noche: si bien no son buenas en plan como que te toque la lotería, te asciendan en el trabajo o encuentres al amor de tu vida sí lo son de manera intelectual, como cuando resuelves un problema o das con la solución a un acertijo. Un estímulo mental impulsado por la casualidad, que funciona de la misma manera en la que se va montando un puzzle con la unión de sus piezas.

Carmen Martín gaite, fumándose un piti

Carmen Martín gaite, fumándose un piti

El caso es que estábamos en el sofá hablando de política y de ahí saltamos a la dictadura, la guerra, el exilio, la cárcel y cosas así. En medio de la conversación yo, que soy una pesada sin remedio, volví a sacar el tema de Celia en la revolución y la vida de su autora y hablando, hablando y hablando acabamos llegando a la serie basada en los libros de Celia que se emitió en Televisión Española a principios de los 90 (concretamente se estrenó el 5 de enero de 1993). Aquella serie estaba dirigida por José Luis Borau y el guión era, como no podía ser de otra manera, de la escritora Carmen Martín Gaite, fanática de los libros de Elena Fortún y gran conocedora tanto de su obra como de su vida (de ahí que se consiguiese que el paso del papel a la televisión resultase tan digno y fuese tan respetuoso con el original). Tanto me emocioné hablando de todo aquello que al final acabamos buscando los capítulos de la serie en la web -estupenda, por cierto- de RTVE.es para volver a verla ahora con nuestros ojos de adultos y ver cómo de bien o de mal había envejecido.

Cuál sería mi sorpresa al escuchar la sintonía de la cabecera y reconocer en ella a mis queridas Vainica Doble, otra de mis obsesiones culturales. Resulta que Carmen Santonja era hermana de Elena Santonja, presentadora de Con las manos en la masa y esposa de Jaime de Armiñán, director y guionista de televisión, quién introdujo a su cuñada y a su compañera Gloria en el mundo de las sintonías televisivas. Tirando del hilo, descubrimos que, además de por la sintonía de la serie, Vainica Doble están relacionadas con el universo literario de Elena Fortún a través de la propia Carmen Martín Gaite.

Ambas Cármenes (Santonja y Martín Gaite) no solo eran amigas y se movían en los mismos círculos, sino que además ambas tenían una visión muy particular de la realidad que plasmaban en sus respectivos trabajos. Coinciden en su gusto por la crítica costumbrista -un tanto alucinada y en ocasiones cercana a lo onírico- , en el uso de una ironía afilada pero discreta que apunta siempre a la inteligencia de su destinatario y en la independencia de pensamiento, libre de filias servilistas. Casualidad de las casualidades, su camino vital terminó el mismo día del mismo año: ambas murieron de cáncer el 23 de julio del año 2000, oscureciendo a la vez una parte de la escena cultural del país.

A mi yo periodista y a mi yo admirador de la obra de ambas le habría encantado hablar con esas excéntricas tocayas de la obra de Fortún, de refranes españoles, de irse de casa y de un montón de cosas más. La sensación de llegar tarde a los sitios es, en ocasiones como esta, inevitable así que no me queda más que reencontrarme con ellas en su obra. Que tampoco está mal.

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De mi a mi

La periodista Delia Rodríguez abrió la veda con su lista de consejos a su yo estudiante de periodismo de hace ya unos cuantos años. Una especie de “Hola, vengo desde el futuro para comentarte” pero sin ser un anuncio de detergente. Evidentemente no pude evitar sentirme representada en muchos de ellos -especialmente en el punto de “No intentes buscar la excelencia en los estudios. Quieres ser una buena periodista, no una buena estudiante de periodismo”- por no decir en todos. Ese artículo dio pie a varios artículos más de periodistas que se daban consejos a su yo del pasado y de paso a todos los periodistas jóvenes que pasaran por allí. De nuevo imposible no sentirse reconocida en ellos, por lo menos en muchos de sus puntos.

periolista3Después de leerlos, empecé a darle vueltas a los consejos que tendría que darle a mi yo del pasado, al que hace doce años ya puso los pies en Madrid por primera vez en su vida dispuesta a convertirse en periodista, en adulta y a pasárselo muy bien. Una de esas cosas sucedió seguro, la otra no fue responsabilidad mía sino más bien del tiempo y en la otra aún estoy trabajando. A mi yo del pasado le diría muchas cosas, como casi todo el mundo al suyo, pero aquí van algunas relacionadas con la profesión.

-Estudiar periodismo en la Universidad Complutense de Madrid es una de las mejores decisiones que has tomado en tu vida. No por la carrera, que todos sabemos que sirve más bien para poco, sino por irte de casa de tus padres pronto, aprender a sacarte las castañas del fuego rápido y a darte cuenta de que había muchas cosas más allá del círculo de protección del círculo habitual y las montañas asturianas. Y porque sí que era (es) vocación.

-Pocos de tus compañeros y compañeras acabarán siendo periodistas de verdad. Muchos acabarán currando en “el otro lado” (gabinetes, agencias, etc), otros se buscarán la vida por otros lares profesionales y otros os empecinaréis en sobrevivir del sector (algunos con más facilidades que otros, claro). Y sí, son los que te imaginas. Exactamente esos.

-Aprovecha toda la veintena para pasártelo bien y hacer lo que te de la gana, en lo personal y lo profesional. Cuando se vayan acercando los 30 te empeñarás en no conformarte con otros curros mediocres y trabajarás como una mula para conseguirlo. Contenta (unas veces más que otras) pero como una mula. A los 30 aún seguirás en ello, ánimo.

-El día que tu padre puso Internet en casa te cambió la vida de una manera que no te ibas a imaginar ni por asomo. Seguirás teniendo el fetichismo del papel, pero la Red te dará la oportunidad de hacer lo que verdaderamente te interesa y te abrirá muchas puertas. Y sí, no lo dudes, sigue con el blog este que no lee casi nadie.

-Te va a tocar comer mierda laboral en cantidades considerables. Además, cuando estés empezando a sentirte cómoda en el sector vendrá una crisis que lo pondrá todo patas arriba y un gilipollas tu jefe te echará de tu trabajo de redactora al volver de vacaciones. En su momento te enfadarás mucho porque será injusto, pero un par de años después te darás cuenta de que fue lo mejor que te pudo pasar. Tendrás un año de paro para poner en marcha un montón de ideas y aprenderás muchas cosas. Será difícil, pero capearás el temporal.

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-Un periodista es su agenda. Alguien te lo dirá en una de esas redacciones en las que harás prácticas (y en las que aprenderás lo que es el periodismo) y con el tiempo te darás cuenta de la razón que tenía. Échale morro y aprende a guardarte todas las tarjetas, teléfonos, direcciones de correo y bases de datos que tengas a tu alcance y utilízalas cuando lo necesites. Chica lista.

-La profesión está llena de gente que sabe mucho más que tú. En algunos casos será verdad y en otros solo será soberbia y pedantería de puros wannabes. Aprende de los primeros y pasa de los segundos.

-Todas esas horas en la cafetería de la universidad, las noches en los bares y las tardes en la filmoteca, los libros, los conciertos y los viajes te servirán mucho más que todas las clases que te perdiste por estar haciendo todas esas cosas. No te arrepientas y sácales jugo. Y a tu capacidad innata para el cotilleo también, te será muy útil.

-No te olvides de quien eres ni de donde vienes. La humildad siempre por delante. Lo pasarás muy bien y a veces muy mal, pero afortunadamente durante estos 12 años has conseguido conservar y rodearte de amigos de verdad y de gente a la que quieres que te ayudará en lo primero y en lo segundo.

-Aprende a hacer facturas. Acostúmbrate a vivir con (muy) poco dinero. Aprieta los dientes y fíate del instinto. Y apunta las cosas importantes en una agenda, lleva siempre contigo papel, boli y grabadora y cómprate un mechero de una vez, que eres un puto desastre.

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Besis.

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Esto no es una bicicleta

A la vuelta de la esquina de nuestra calle hay un bar (bueno, Granja como se llaman algunos locales aquí en Barcelona) de los de toda la vida. Forrado de madera hasta su último resquicio -barra, paredes, bancos, mesas, estanterías- tiene fotos de platos y bocadillos tomadas en los años 80, hacen un café infame que te sirven hirviendo y todo esta recubierto por una ligera capa de grasilla que se ha ido asentando cómodamente con el paso de los años y el esfuerzo de una plancha trabajadora. Es nuestro bar del barrio preferido: sus dueños, no excesivamente mayores, son gente hostelera de vocación o, al menos, con buena mano. Él siempre está tras la barra, atento al que entra con el “Señorita” o “caballero” preparados para saludar, guiño de ojo al quite, pocillo en mano preparado para el café, rapidez y eficiencia a precios más que razonables. Un oasis en la ciudad del postureo.

raval gentrificadoHace un par de semanas abrieron una hamburguesería justo debajo de casa. Antes no me acuerdo que había, puede que nada. Es muy bonita: mesas de madera de aspecto antiguo, colores pastel, pizarritas para poner el menú o las recomendaciones, una mesa comunitaria o para grupos grandes, decoración cuidada con bicicletas colgando de las paredes. Las camareras son jóvenes y lozanas, con aspecto de intelectuales que han viajado por el mundo y que han heredado el armario de juventud de sus madres ¿Precioso, verdad? Oiga, pues no. Además de ser cara (por mucho que lleve gourmet en el apellido, una hamburguesa no deja de ser un bocadillo de carne picada, imbéciles aún no somos) es lenta, lenta, lenta. Como una película coreana de arte y ensayo, como la espera en la cola del baño en un festival, como el invierno de tus días. No quiero que me sirva una poetisa con problemas económicos que curra ahí para sobrevivir: quiero que me atienda un profesional de lo suyo, alguien que sabe de hostelería y de atender a su clientela. Un poco de respeto por la profesión.

Ese fue uno de los muchos síntomas de la gentrificación acelerada que está sufriendo el barrio, en proceso de transformación desde hace muchos años ya, pero al que por muchos esfuerzos que hubiese llevado a cabo el Ayuntamiento aún no había conseguido reducir del todo. Pero lo que planes urbanísticos e iniciativas institucionales no habían conseguido en años de maquiavélicos esfuerzos, lo van a lograr empresarios del preciosismo en menos de un año.

Está claro que nosotros mismos encajamos perfectamente en ese público objetivo al que se dirigen esos locales abanderados de la gentrificación: treintañeros con profesiones liberales y pinta de hipsters, con inquietudes culturales que destinan parte de sus (más bien escasos) ingresos al ocio y el disfrute. Unos modernillos al uso, de manual, pero no por ello faltos de crítica o de capacidad de análisis para comprender qué sucederá si la transformación del barrio sigue el camino que ya ha comenzado. Claro que me gustan los locales bonitos tipo foto de Instagram, pero no quiero vivir en el decorado de una película de Zooey Deschanel y no quiero que se me intente convencer de que esa es la única opción.

La última vez que estuve en Madrid, se me cayó el alma a los pies al llegar a Malasaña: el barrio en el que pasé las noches de mi primera veintena con sus bares, su gente en la calle y su emoción había sido sustituido por un montón de cafeterías, tiendas de pasteles y ropa de niños a precios de Mónaco. Quizás nos hemos hecho mayores y ya no aguantamos hasta las 8 de la mañana bebiendo latas de cerveza por las calles (o sí) pero tampoco creo que nos hayamos convertido en señoras que toman el té con magdalenas con merengue por pura diversión. Y las bicicletas son para utilizarlas, no para colgarlas de ninguna pared, que no sois René Magritte, por favor.

esto no es una bicicleta

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Otoño bien y mal

otoño barcelones

Ya es otoño de manera oficial y respaldada por el calendario, pese a la ola de calor que mantiene el perlado de sudor intacto en las frentes de los y las que la sufrimos. Como todo en la vida, el cambio de estación trae sus cosas buenas y sus cosas malas, que se enumeran a continuación:

 

Bien

-Las castañas y el olor con el que impregnan las calles

-La vuelta a la actividad cultural, bastante muerta durante el verano: nuevas temporadas de series, conciertos, lanzamientos de libros y demás chucherías para alimentar nuestros cerebros, siempre necesarias.

-La añorada manga larga y los vaqueros, relegados al fondo del armario durante el periodo estival, que vuelven a salir a la luz.

-Los platos de cuchara, que podían suponer la muerte instantánea en agosto y que, por fin, vuelven a la mesa. Las lentejas molan, comida de viejas power.

-Las escapadas planeadas antes de que llegue la locura navideña que nos llevarán al hotel en Madrid en formato salón de colegas en el que se celebrará la convención anual de reencuentro de Diputació 167. Ganas mil.

-La manta para tapar los pies mientras se disfrutan de las novedades culturales mencionadas anteriormente. El sofá y la persona unidos en hermandad, la sublimación del confort.

Mal

-La progresiva resta de horas de luz que afecta inevitablemente al estado de ánimo de cualquiera en su sano juicio y que no haya nacido en algún país nórdico (y esté acostumbrado a ello prácticamente por genética). Que a las 6 de la tarde casi sea de noche es un bajón.

-El puñetero cambio de armario de temporada que nunca llego hacer y que tiene como consecuencia que mis bikinis sean compañeros de estantería de los jerseys de lana.

-Lavar el edredón nórdico para poder volver a usarlo o la odisea de la modernidad.

-Los marrones de curro que van alcanzando dimensiones monstruosas según se acerca el fin de año.

-El fin del reinado de la terraza como pieza principal del hogar.

-El frío que acabará llegando y sus consecuentes resfriados. La puñetera lluvia y sus consecuentes paraguas, instrumentos diabólicamente incómodos y molestos.

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